LA POTRANCA ESPANTADORA (Un cuento para reflexionar)

LA POTRANCA ESPANTADORA

Por José Manuel Navas Valenzuela

Cuenta la historia que en un pueblo chiquito, chiquito, chiquito y muy alejado de la ciudad existió un cipote que quería tener novia; y aunque no tenía edad para eso siempre presumía  ante las señoritas ser un joven muy  intrépido y con  mucho valor para enfrentar al mismo satanás si fuese necesario, decía.

Una noche, de esas en el que ni la luna ilumina… En una humilde casita se efectuaba un velatorio; había mucha gente que había viajado de diferentes lugares.Entre esta multitud, estaban niños y niñas, muchachos y muchachas, ancianos y ancianas, en fin de todas las edades. Y allí estaba el cipote que quería tener novia.

Dentro de la casita,las ancianas rezaban el Rosario,los niños y niñas jugaban el “escondelero” en todo el patio de la casita, unos hombres y mujeres iluminados con lámpara de Kerosene, jugaban a las cartasy otros juegos de azar, entre éstos se encontraba la Hilda Gata y la Medarda, Chico Pancho, Don Juan Pijiriche  y Tichón que eran los que más gritaban ¡Dos más! acompañándose de carcajadas y golpes sobre la mesa.

En la callecita que más parecía vereda, se hallaban muchas señoritas que inocentemente jugaban “La Ronda en unVergel” esos juegos de señoritas de hospicio, y que precisamente habían venido de un hospicio.Y en una esquina de la casita estaba el cipote que quería tener novia.

Después de cantar y bailar, las señoritas comenzaron a contar historias de miedo, entre éstos el del Cipitillo, el Cadejo, la Siguanaba, la Carretera Chillona y otros cuentos que dan miedo, y allí estaba el cipote que quería tener novia, y al escuchar los relatos de  semejantes cuentos de miedo, el cipote exclamó ¡Eso no da miedo! Las señoritas lo miran retadoramente  y le dicen que si es tan valiente que vaya al cementerio de ese pueblo, el cual está a unos doscientos metros al sur de donde se encuentran, y el cipote sin pensarlo dos veces aceptó por que quería presumir ante las señoritas su valentía.

Se cuenta que el cipote;  con sombrero en la cabeza, un machete en su mano y en la otra una linterna de esas que se usan con dos  baterías Rayo Vac inició el camino hacia el cementerio y aunque la Hilda Gata,  la Medarda, Chico Pancho, Don Juan Pijiriche  y Tichón estaban muy afanados jugando a las cartas, se percataron que el cipote que quería tener noviase dirigía rumbo al cementerio del pueblo, un lugar que no se debía visitar peor aún en plena media noche.Sin escuchar los repetidos consejos de los adultos, el cipote que quería tener novia y demostrar su valentía, sigue su camino hacia el cementerio.

Al entrar al cementerio, expresó el día siguiente-,“Es que por tanto miedo que sentía, mis piernas pesaban como el plomo y mis brazos estaban adormecidos y aunque deseaba encender la lámpara los brazos estaban sin fuerza, pero por un momento lo pude lograr, pero por mala suerte se apagó el mismo instante, puesto que el bombillo se quemó”.Sin embargo, el destello de luz fue suficiente para visualizar que en el centro del cementerio estaba una silueta que hacia gestos de  llamadas, como llamándolo. Tomó valor y se encaminó hacia esa silueta, cuando había dado dos o tres pasos, sintió que algo rasgó su rostro, inmediatamente se sacudió la cara  y botó el sombrero, el machete y la lámpara y salió corriendo en la oscuridad sin rumbo conocido;mas tardeconsiguióllegar a la casita del velatorio.

Cuentan que llegó con la ropa desgarrada, sin zapatos, sus ojos con mirada fija, mudo y con fiebre y despertó el día siguiente. En la madrugada,  los adultos y otros cipotes fueron al cementerio a recuperar el sombrero, el machete y la lámpara y para buena sorpresa los encontraron¡¡¡  y descubrieron además que las raices de matapalo que  colgaba, rosaban la cabeza de quien transitaba por la vereda… y  la silueta que presuntamente llamaba al cipote que quería tener novia era la potranca espantadora de Galiano Guzmán, que al movimiento de la cola las moscas se espantaba.

Colorín colorado, este cuento se ha terminado

Acerca de Edusique Por: José Manuel Navas Valenzuela

Psicólogo general y profesor en educación especial.
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